
Turismo en España: visión general
España ha demostrado una enorme fortaleza como destino turístico a nivel internacional, pero el gran reto ya no es crecer más, sino crecer de forma más equilibrada. La sostenibilidad económica y social debe ser el eje sobre el que se construya el futuro del sector, garantizando que el turismo siga siendo un motor de prosperidad sin generar desequilibrios territoriales ni tensiones sociales.
Para ello, necesitamos una planificación más equitativa del territorio, para evitar la desigualdad que impacta tanto en la presión de los destinos principales como en la falta de dinamismo de otras regiones. En este sentido resulta primordial reforzar la colaboración público-privada, disponer de una regulación coherente y apostar por la diversificación de la oferta turística.
España debe apostar por atraer a un turista de mayor valor, que gaste más y permanezca más tiempo, incluso en temporada baja. La competitividad no se mide únicamente en el volumen de visitantes, sino en el impacto económico que generan.
Esto se logra mediante la inversión para reforzar nuestras infraestructuras, la excelencia del servicio, la formación de los profesionales y la diferenciación de nuestra oferta. Tenemos todas las teclas para hacerlo sin perder cuota de mercado, porque pocos países pueden ofrecer la combinación de infraestructuras, clima, seguridad, patrimonio y profesionalidad que ofrece España.
La desestacionalización es una necesidad imperativa para diversificar la oferta y mitigar esa saturación en los principales destinos turísticos. Hay que lograr una distribución de los flujos turísticos a lo largo de todo el año impulsando actividades fuera de temporada alta. En este sentido, segmentos como el turismo MICE, deportivos o de naturaleza resultan especialmente relevantes para ampliar los flujos hacia la llamada “España vaciada”, un área de gran potencial. De igual modo, es necesario extender las temporadas más allá del verano e invertir en la promoción de una oferta diversa y atractiva.
La digitalización y el análisis de datos posibilitan un conocimiento más profundo del turista, la anticipación de la demanda y la toma de decisiones basadas en información real, por lo que son absolutamente esenciales. Ya no se trata de una opción, sino que se ha convertido en una necesidad para seguir siendo competitivos en un panorama cada vez más exigente a nivel global y estar alineados con las nuevas expectativas del viajero.
El turismo de golf como producto estratégico
El golf representa un segmento turístico que debería constituir una prioridad en la estrategia de diversificación nacional, ya que este producto atrae a un perfil de turista que valora la exclusividad y contribuye a la dinamización de destinos fuera de temporada alta, dado que su práctica se desarrolla principalmente en otoño y primavera. Es un producto con una gran demanda internacional y con un impacto económico considerablemente superior a la media, lo cual contribuye, además, al posicionamiento de España como un destino con alto valor añadido.
España posee una serie de ventajas difícilmente equiparables. La principal, por supuesto, reside en un clima excepcional que posibilita la práctica del golf durante todo el año, sumado además a una red de campos de golf de gran calidad, excelentes infraestructuras hoteleras que complementan una oferta muy potente y una óptima conectividad aérea. Todos estos factores, unidos también a la profesionalidad y a la cercanía con la que acogemos al turista, nos sitúan en una posición de liderazgo evidente.
Consideramos que el sector posee un amplio conocimiento del impacto positivo que genera el turismo de golf, tanto en términos económicos como de empleo. No obstante, es posible que esta contribución no siempre sea percibida con la misma claridad por parte de la opinión pública.
Es importante seguir trabajando en la divulgación de datos objetivos, poniendo en valor la contribución del golf al desarrollo de los destinos, a la sostenibilidad y a la atracción de un perfil de turista respetuoso, recurrente y de alto gasto. Se trata de proyectar la realidad de un producto turístico y deportivo sólidamente consolidado y profesional.
Indudablemente. Numerosos campos de golf en España son grandes ejemplos de gestión eficiente de recursos, integrando el uso de aguas regeneradas, de energías renovables y un cuidado mantenimiento del paisaje. En cuanto a los destinos maduros, el golf puede ser un motor de regeneración, especialmente ayudando a reposicionar el destino, mejorar su imagen y atraer un turismo de mayor poder adquisitivo.
La cooperación es clave para ser competitivos a nivel internacional. Plataformas como PlaySpain.Golf contribuyen a estructurar la oferta, facilitar la comercialización y dar una imagen unificada y profesional del producto golf en España. Este tipo de plataformas consiguen reforzar la visibilidad del destino España, mejoran la eficiencia comercial y ayudan a llegar a nuevos mercados de forma más coordinada.
En materia de conectividad, es fundamental seguir reforzando y consolidando las conexiones aéreas con los principales mercados emisores de turismo de golf, especialmente Reino Unido, países nórdicos y Centroeuropa. La accesibilidad es un factor decisivo para este tipo de turista, que valora la comodidad y la proximidad entre aeropuertos, campos de golf y zonas hoteleras.
En cuanto a la promoción internacional, es necesario reforzar una estrategia específica y diferenciada para el golf, integrada dentro de la marca España, pero con identidad propia. El turismo de golf compite en mercados muy especializados, donde es imprescindible una promoción segmentada, profesional y sostenida en el tiempo. Esto implica una mayor presencia en ferias especializadas, campañas dirigidas a nichos concretos, colaboración con turoperadores y plataformas internacionales.
Por último, en lo relativo al marco normativo, se debería avanzar hacia un entorno más propicio que incluya el apoyo fiscal. El actual IVA del 21% que soporta el turismo de golf supone una desventaja competitiva frente a otros destinos. Modificar este régimen fiscal no solo mejoraría la competitividad de este producto turístico, sino que también impulsaría el crecimiento de un sector que genera un gran valor añadido al conjunto del turismo español.
Mirada al futuro
España necesita avanzar hacia un modelo turístico centrado en el valor y el equilibrio y no solo en el volumen. El liderazgo turístico no está garantizado, a pesar de venir de años con cifras récord, y debemos ser conscientes de la creciente competencia de destinos que están ganando cuota en el Mediterráneo, muchos de ellos con costes más bajos y políticas en captación de demanda muy agresivas. Ante eso, España debe competir no solo en precio, sino en calidad, diferenciación y experiencia.
Además de la competencia, también hay que hacer frente a retos que amenazan la estabilidad del sector: lograr un equilibrio residente-visitante en los destinos maduros, y fomentar una distribución más equilibrada de los flujos turísticos en todo el territorio y a lo largo del año.
Pero además, hay un elemento absolutamente crucial, que son los profesionales. No podemos hablar de un turismo competitivo sin abordar el reconocimiento de las profesiones turísticas y la retención de talento. Debemos esforzarnos por prestigiar el empleo turístico, poner en valor la profesionalidad, la formación y las oportunidades que ofrece un sector que es uno de los principales motores económicos del país. Solo así podremos seguir siendo líderes sin sacrificar la autenticidad, competitividad o la legitimidad social.
El turismo deportivo representa una de las grandes oportunidades para diversificar esa oferta de la que tanto hablamos, desestacionalizar el turismo y conseguir un gran impacto económico. Es un segmento que atrae a un perfil de viajero especialmente interesante: que son activos, con alto nivel de gasto, planifican con anticipación y muestran un alto grado de fidelidad al destino al que viajan incluso a largo plazo.
Dentro de este ámbito, el golf ocupa una posición claramente estratégica por ser un producto muy internacionalizado que goza de una demanda estable, especialmente por parte del turista europeo. El turista de golf no sólo viaja para practicarlo, sino que consume alojamiento de calidad, restauración y ocio, generando un impacto económico superior al de otros tipos de viajeros.
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